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Sábado, 15 Dic 2018

Con motivo de la reedición del libro de lujo 20 poemas de amor y una canción desesperada, la Corporación Cultural de Las Condes presenta gran exposición que rescata la obra “setentera” del destacado pintor nacional

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En el otoño de 1970, en el entonces Instituto Cultural de Las Condes se produjo uno de los hitos culturales del Chile moderno: en medio de la expectación de los asistentes, se remataron varias ediciones especiales del libro 20 poemas de amor y una canción desesperada, realizado por el ya universal poeta Pablo Neruda y el joven pintor Mario Toral. La edición, que hasta hoy es considerada una odisea gráfica y que es posible encontrar sólo en anticuarios especializados, contenía los poemas diagramados y dispuestos por el mismísimo vate y 22 acuarelas pintadas especialmente por el artista.

Hoy, 46 años después, y por iniciativa de Origo Ediciones, el mítico libro vuelve a imprimirse, lo que motivó a la Corporación Cultural de Las Condes a preparar una gran exposición que, por una parte, diera cuenta de aquella primera edición, y por otra, recuperara la obra de Toral de aquellos años, cuando cautivó al Premio Nobel y lo motivó para aventurarse en varios libros a dos manos.

La muestra MARIO TORAL. AÑOS 70 será inaugurada el martes 16 de agosto, a las 19:30 horas, en el Centro Cultural Las Condes, donde estará abierta al público hasta el 2 de octubre.

“Este proyecto tiene una significación muy especial. Por una parte, volver a vivir el instante mágico de abril del 70 cuando el libro se presenta por primera vez en nuestro centro cultural.  Neruda era ya una figura universal y Toral el artista del momento. Entonces, la unión de ambos fue decididamente explosiva y la ambiciosa edición representaba una serie de desafíos técnicos y estéticos, tanto así que se constituyó en el primer Libro de artista de nuestra historia”, expresa Francisco Javier Court, director de la Corporación Cultural de Las Condes.

Y agrega:

“Por otra parte, cuando los movimientos de arte de los 60 y 70 viven una merecida revalorización en todos los sentidos, mostrar el trabajo de Mario Toral de aquellos años nos pone en sintonía con lo que ocurre en el mundo. En estas obras experimentales podemos percibir la influencia del Pop, ciertos rasgos geométricos y el imaginario construido por el pintor, que le permitió instalarse en los centros más importantes del mundo. No olvidemos que Toral estudió en París en los años 50 y que en los 70 se radica en Nueva York y en ambos lugares obtuvo el reconocimiento de sus pares y la crítica. Sin embargo, a inicio de los noventa decide volver a Chile y aportar desde adentro a la cultura local”.

La exposición

Para el montaje en el Centro Cultural Las Condes, lleno de nostalgia “setentera” pero bajo la mirada postmoderna de hoy, se han reunido algunas de las acuarelas originales que ilustran el libro 20 poemas de amor y una canción desesperada, la famosa Edición Príncipe, con encuadernación en cuero, letras de oro y manuscritos de Neruda, y las pinturas, acuarelas y dibujos que Mario Toral ejecutó entre mediados de los 60 y mediados de los 70, antes de radicarse definitivamente en Nueva York.

Desde sus conocidas Torres de Babel (1965-1969) hasta la serie Prisioneras de piedra (1974-1977), pasando por El mundo del mañana (1969-1974), el universo del artista evoluciona y se vuelve orgánico, en un proceso vertido hacia su intenso mundo interior.

Mario Toral (1934) realizó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Uruguay y en el Taller de Henri Adam en la Escuela de Bellas Artes de París, donde se radicó en 1957. De esos años, hasta 1965, fue la época de los Tótems, que habla de la memoria americana, de un paisaje telúrico. Más tarde en su regreso a Chile, a partir de 1965, comenzó Torres de Babel, donde torres geométricas encierran rostros humanos.

 

 

Para el crítico Carlos Navarrete, “muchos de estos rostros, en muchedumbre o solitariamente en la composición, habitan desoladas arquitecturas, las que, a modo de nichos, parecieran enmarcar, estratificar y quizás aislar, las posibles emanaciones de sentimiento hacia estos mundos imaginarios y tremendamente pétreos”. Por su parte, Antonio Romera se refiere a estas obras como “cabezas multiplicadas, repetidas, sin riesgo de monotonía”.

En los 70 viajó a Nueva York, epicentro cultural de las artes visuales, donde nació El mundo del mañana, monumentales arquitecturas transparentes, donde aflora, como señala Navarrete, “un posible estado anímico del artista frente a la deshumanización de la vida moderna y a las implicancias de este hecho respecto al espíritu mesiánico contenido en la idea del progreso”.

La serie Prisioneras de piedra, uno de los más intensos períodos del artista y el que más ha reinventado cada cierto tiempo, se hizo en Nueva York y Nerja, Andalucía, y nos enfrenta a un tipo de obra en donde el espacio del soporte se convierte en un “lugar infinito y atemporal”, donde parecieran habitar una serie de cuerpos femeninos desnudos o envueltos en velos, como prisioneros de este espacio por el estiramiento de sus siluetas. “Aparecen innovaciones de estilo con efectos nuevos de luz y sombra, de colores suaves o brillantes, de texturas y formas. A veces los paños exuberantes que cubren con profusión a las figuras o a las estructuras similares a muros, denotan su admiración por los efectos de Zurbarán”, expresa Bárbara Duncan, coleccionista, curadora y promotora de arte latinoamericano.

Las sensuales y misteriosas formas que inundan su relato visual de los setenta, permiten comprender todo lo que vendría después y de qué manera el autor se mantiene fiel a sus orígenes. Es cierto que sus obras se despliegan en el imaginario local, que Mario Toral es un pintor maduro y experimentado, pero en este ejercicio de recuperación nos encontramos con los sueños y ansias de un joven inexperto, que entonces como hoy cree que poesía y arte se nutren de las mismas fuentes y se expresan a través de un lenguaje común.

El libro

Veinte poemas de amor y una canción desesperada, editado en 1970, fue el resultado de una amistad de años que entablaron el pintor y el poeta. Toral ya había ilustrado parte de Arte de pájaros y Neruda a su vez había escrito un texto sobre la serie de pinturas Torres de Babel.

En aquel tiempo, se habían alcanzado los cuatro millones de ejemplares del libro de Pablo Neruda. Existían ediciones en casi todos los idiomas conocidos –señala hoy Mario Toral- “de modo que la gracia de esta nueva edición tendría que ser la de crear un objeto hermoso y diferente. Como teníamos carta blanca para producir el libro sin ninguna limitación económica, Pablo bautizó esta empresa: Operación Colmillo de Oro”.

Y agrega: “Tendría este volumen una acuarela por cada poema, letras capitulares sacadas de alfabetos antiguos que acompañaran el espíritu romántico de los versos, pero sobre todo que fuera un libro blanco con mucho aire, donde la tipografía y las imágenes flotaran en un espacio infinito, como son las expectativas de los amores juveniles”.

Toral explica que nunca releyó el libro para hacer las acuarelas, cosa que debe parecer extraño, pero prefirió recordar los sentimientos que tuvo cuando lo leyó siendo adolescente, en que sus versos leídos al azar calaron fuerte en él en aquella época, correspondiente a los inocentes y sufridos amores más de fantasía que reales.

El libro de gran formato -40x42 centímetros- tuvo una Edición Príncipe, con textos manuscritos por Neruda y cuatro acuarelas originales, que se remató en 1970 en 56 mil escudos; 17 ejemplares de lujo con un poema manuscrito y su acuarela; 200 ejemplares firmados por ambos autores, Neruda y Toral, y 4782 ejemplares comunes, que se agotaron en menos de un año.

Origo Ediciones ha reeditado una versión idéntica a la de 1970 en términos de formato, encuadernación y tipo de color, el que se presentará en la noche inaugural en el Centro Cultural Las Condes. Aún hoy el tamaño descomunal y la calidad de las reproducciones, representa un desafío mayor, por lo que la editorial debió recurrir a la tecnología extranjera para alcanzar la misma esencia y calidad de entonces.

FECHA:
17 de agosto al 2 de octubre de 2016
Centro Cultural Las Condes
Apoquindo 6570

TELÉFONO:
22 8969800

HORARIO:
Martes a domingo, 10:30 a 19:00 horas

ENTRADA:
Liberada

 

Fuente: Corporación Cultural Las Condes

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