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Martes, 11 Dic 2018

Bill Viola: Retrospectiva, Guggenheim Bilbao

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Los soñadores (The Dreamers), 2013
Instalación de vídeo y sonido
Siete canales de vídeo de alta definición en color proyectados sobre siete pantallas planas montadas verticalmente en la pared en una sala oscura; cuatro canales de sonido estereofónico
Dimensiones de cada pantalla: 155,5 x 92,5 x 12,7 cm
Dimensiones de la sala: 3,5 x 6,5 x 6,5 m
Bucle continuo
Intérpretes: Gleb Kaminer, Rebekah Rife, Mark Ofugi, Madison Corn, Sharon Ferguson, Christian Vincent, Katherine Mckalip

LA EXPOSICIÓN


30 DE JUNIO, 2017 - 9 DE NOVIEMBRE, 2017



A Bill Viola (Nueva York, 1951), uno de los artistas actuales más destacados, se le reconoce internacionalmente por su carácter pionero en el desarrollo del videoarte, medio que descubrió a principios de la década de 1970 a raíz de su participación en el programa de Estudios Experimentales de la Universidad de Siracusa (Nueva York). Ya en sus primeros vídeos dejará constancia de su permanente interés en el autoconocimiento, una exploración que se irá enriqueciendo a partir de sus lecturas de textos místicos y espirituales de tradición oriental y occidental. Su obra evoluciona en paralelo a la tecnología del vídeo, y cada nueva herramienta le permitirá explorar la condición humana, en relación con cuestiones como el nacimiento, la muerte, la transformación, el renacimiento y la transfiguración, temas clave en su producción, que se extiende a lo largo de cuarenta años.

Bill Viola: retrospectiva constituye un recorrido temático y cronológico por la trayectoria del artista, comenzando con sus tempranas cintas monocanal, entre las que se incluyen obras tan representativas como El estanque reflejante (1977–79) y Cuatro canciones (1976), un álbum en el que recopiló varias piezas. Estas creaciones tienen un contenido sumamente poético y ya abordan aspectos tan importantes en la producción de Viola como la noción del tiempo y su deconstrucción, la indagación acerca de la existencia, la experimentación con la grabación y manipulación de sonidos procedentes del medioambiente y de la naturaleza.

La década de 1980 se inicia con obras como Chott el-Djerid (Un retrato de luz y calor) (1979), donde la cámara captura el deslumbrante paisaje del desierto mediante teleobjetivos que permiten grabar espejismos y revelar así imágenes que normalmente escapan a nuestra percepción. Esta etapa, en la que Kira Perov (su esposa y colaboradora durante largo tiempo) comienza a colaborar con Viola, está marcada por proyectos destinados a ser emitidos por televisión, pero también sirve como periodo de transición entre su producción temprana y las instalaciones que se desplegarán en salas enteras, envolviendo al observador en imágenes y sonido. El artista empieza a incorporar en su trabajo elementos físicos (algo que estará presente durante los años noventa); sus estudios sobre la percepción y temas espirituales se plasman en objetos escultóricos, como se aprecia en los despojados monitores de Cielo y Tierra (1992) y en obras de grandes dimensiones, como Una historia que gira lentamente (1992), con su colosal pantalla giratoria.

Con la llegada del nuevo milenio y la aparición de la pantalla plana de alta definición, Viola comienza a realizar piezas de pequeño y mediano formato, que se integrarán en la serie Pasiones; entre ellas, un estudio a cámara lenta de las emociones, Rendición, y trabajos que reflejan el paso del tiempo y la sucesión de las generaciones, como La habitación de Catalina y Cuatro manos, todas de 2001. A estas creaciones íntimas siguió la instalación monumental Avanzando cada día (2002), en la que cinco grandes proyecciones murales que comparten un espacio común invitan al espectador a adentrarse literalmente en la luz y reflexionar acerca de sus vidas y la existencia humana. La cuestión de la trascendencia también se halla presente en su trabajo para la ópera wagneriana Tristán e Isolda (2004–05), una obra mayor de la que se derivan dos instalaciones, La ascensión de Tristán (el sonido de una montaña bajo una cascada) y Mujer fuego, ambas de 2005.

Durante la última década, Viola ha continuado representando la experiencia fundamental de la vida a través de los medios y soportes más diversos. Buen ejemplo de ello es su empleo del agua en obras como Los inocentes (2007), Tres mujeres (2008) y Los soñadores (2013)—, y su recorrido por el ciclo de la vida, que se inicia en esta exposición con Cielo y Tierra (1992) y se “rebobina” literalmente en la pieza final, Nacimiento invertido (2014).



Bill Viola, Kira Perov

EL ARTISTA


BILL VIOLA
NUEVA YORK, 1951



Bill Viola nació en Nueva York en 1951 y finalizó sus estudios en la Universidad de Siracusa en 1973. Pionero del videoarte, Viola ha creado instalaciones, vídeos/películas, entornos sonoros, proyecciones de vídeo sobre paneles planos y obras para conciertos, óperas y espacios sagrados durante más de cuarenta años.

En sus obras en vídeo, Viola emplea con maestría sofisticadas tecnologías audiovisuales, a la vez que explora la espiritualidad y la percepción en la experiencia humana, centrándose en temas universales, como el nacimiento, la muerte, el despertar de la conciencia… Las fuentes del artista norteamericano proceden del arte de Oriente y Occidente, de las tradiciones espirituales del budismo zen, el sufismo islámico y el misticismo cristiano.

Viola representó a EE. UU. en la Bienal de Venecia de 1995. Entre otras importantes exposiciones individuales, destacan Bill Viola: A 25-Year Survey, organizada por el Whitney Museum of American Art (1997); The Passions, en el J. Paul Getty Museum (2003); Hatsu-Yume (First Dream), en el Museo de Arte Mori, en Tokio (2006); Bill Viola, visioni interiori, en el Palazzo delle Esposizioni, de Roma (2008); Bill Viola, en el Grand Palais de París (2014); y Bill Viola: Electronic Renaissance, en el Palazzo Strozzi de Florencia (2017). Mártires (tierra, aire, fuego, agua) [Martyrs (Earth, Air, Fire, Water)], la primera de las dos obras permanentes realizadas para la Catedral de St. Paul de Londres, se inauguró en 2014, seguida por María (Mary, 2016). En 2004 Viola realizó un vídeo de cuatro horas de duración para la producción de Peter Sellars de la ópera de Wagner Tristán e Isolda, que se representó en numerosas ocasiones en EE. UU., Canadá, Europa y Japón. A lo largo de su carrera, Viola ha recibido numerosos premios y distinciones, como el premio de la Fundación MacArthur al “genio creativo” (1989), el XXI Premio Internacional Cataluña (2009) y el Praemium Imperiale, otorgado por la Asociación de Arte de Japón (2011).

KIRA PEROV

Kira Perov es la directora ejecutiva del Bill Viola Studio. Ha colaborado estrechamente con Bill Viola (su esposo y compañero) desde 1979 gestionando, orientando creativamente y colaborado en la producción de todos los vídeos e instalaciones del artista, documentando fotográficamente el proceso. Asimismo, Perov ha comisariado y coordinado exposiciones de la obra de Viola en todo el mundo y supervisa la publicación de todos los catálogos de sus exposiciones. Sus publicaciones más recientes incluyen Bill Viola: visioni interiori (Palazzo delle Esposizioni, Roma, 2008), Bill Viola (con Jérôme Neutres, Grand Palais, París, 2014), Bill Viola (con John Hanhardt, Thames & Hudson, Londres, 2015) y Bill Viola: Electronic Renaissance (con Arturo Galansino, Palazzo Strozzi, Florencia).





Fuente: billviola.guggenheim-bilbao.eus

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