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MARIO ABREU, de Venezuela

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100rf0El “ maestro de los objetos mágicos” es uno de los grandes del arte venezolano, aunque su nombre no está dentro de los más escuchados pues nunca quiso exponerse demasiado al juego del mercado y participó de muy pocos salones y bienales. Sin embargo, su trabajo obtuvo reconocimiento oficial y de su pintura se dijo que poseía una intensa capacidad crítica y el poder para hacer vibrar a la sociedad. 

La pintura del venezolano Mario Abreu se caracteriza por su rico y explosivo tratamiento del color; sus personajes son como salidos de algún extraño sueño religioso y popular y sus paisajes son tratados con una imaginación que bien puede recordar algún cuento infantil. Todo esto contrasta con una fuerte crítica social latente en el resto de sus trabajos, que lo hicieron destacarse entre los de su generación por su constante transgresión a las reglas académicas y por su postura radical frente a la realidad que lo rodeaba.

 

Mario Abreu nació en Turmero, estado Aragua (Venezuela) en 1919. Sus padres fueron Georgina Abreu y Ramón Pérez Guerrero. Por problemas económicos, parte de su infancia la pasó al lado de su madrina, Amelia Borges, muy cercana a la magia y al culto de los santos populares.  El artista comenzó a trabajar a los nueve años como dependiente de una bodega de alimentos y, como relataría más tarde, cuando ya era un pintor reconocido, ”disfrutaba organizando la estantería con latas de sardinas, dulces y refrescos. Todas las tardes ordenaba esos estantes porque no resistía verlos vacíos. Pienso que esos fueron los primeros objetos mágicos que empecé a percibir”.

 

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A mediados del año 1940 se traslada a Caracas. Durante el día trabajaba como obrero y en la noche,  asistía a clases para terminar la escuela primaria. Iniciò sus estudios de pintura en la escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, dirigida por Antonio Monsantos. En el año 1942 ganò un concurso de pintura y obtuvo una beca que le permitiò dejar su trabajo y completar sus estudios. La suya era una generación de grandes nombres; entre sus compañeros de clase estaban  Alejandro Otero, Mateo Manaure, Carlos Cruz Diez y Luis Guevara Moreno, entre otros.

 

 

A principios de los años 50 viajò a Europa y se estableciò en París, donde  conociò a artistas como Duchamp y entendiò que la actividad creativa no puede estar sujeta a ningún tipo de parámetro, lo que practicó a lo largo de toda su vida creativa.

 

El  llamado“ maestro de los objetos mágicos”, lejano a los premios y a las bienales de arte, obtuvo, en 1975, el Premio Nacional de Artes Plásticas. Falleció en 1993 a la edad de 74 años.

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